Asia Filipinas

El caos que sufrimos horas antes de volar a Filipinas

By on 15 mayo, 2018

Lo que mal empieza bien acaba

Menos mal que las cosas nunca acaban como empiezan, porque si no, nuestro viaje a Filipinas, se hubiera acabado antes de salir de nuestra propia ciudad.

Era un día de verano, concretamente el de 5 de Julio de 2017, una aventura nueva empezaba y nosotros estábamos ansiosos por cambiar nuestra mochila llena de ropa, por  una llena de vivencias nuevas y experiencias enriquecedoras en un  país aún desconocido para nosotros.

Para todos los que nos leéis, sabéis perfectamente como es el día de partir hacia un nuevo destino y las emociones que se sienten la noche de antes, cuando te tumbas en la cama e intentas descansar y tu mente tiene el poder de imaginar cómo serán las próximas noches, en que cama volverás a conciliar el sueño, ese cosquilleo en el estómago de que algo nuevo empieza, ese miedo a lo desconocido, esa esperanza de que todo salga bien y nada falle.

Pues la noche de antes al 5 de Julio, ni Javi ni yo, imaginábamos todo lo que íbamos a “sufrir” y mucho menos, todas las pruebas que nos iba a poner la vida, para poder llegar al paraíso.


Antes de pasar a explicaros lo que nos pasó, os contaremos que cada vez, que lo recordamos, se nos pone la risa nerviosa y aflora la adrenalina y esos nervios que sentimos desde el minuto 0 hasta que por fin pudimos sentarnos en nuestro asiento del avión destino a nuestra siguiente parada.

Durante ese día, todo había ido bien, como siempre, como decimos más arriba, los típicos nervios del viaje, preparativos de no dejarnos nada, despedidas de la familia y lo típico que se suele hacer antes de viajar bastantes días a la otra punta del mundo.

Esperamos el bus para ir a la estación de Renfe con nuestras mochilas a la espalda, móviles en mano y la réflex guardada en su respectiva funda, llega el bus y nos sentamos cada uno en un asiento y en poco más de 10 minutos llegamos a nuestra parada y cuando llevamos 2/3 minutos caminando me mira Javi y me dice: ¿Irene, y la réflex? Ese momento sin duda, os podría decir, que se paró el mundo, mi mente empezó a pensar, a preguntarse ella misma donde estaba la réflex, en ese momento algo me distrajo de mis pensamientos y Javi me gritó: IRENE LOS PASAPORTES! Cómo? No sabía ni que responder, no sabía ni siquiera que hacer, mi única reacción, fue llorar y llorar sin poder articular palabra, solo pensaba: “Adiós Filipinas, adiós vacaciones, adiós descanso, adiós aventura…”

Nos habíamos, bueno rectifico, me había dejado la réflex con su funda en el ASIENTO DEL BUS y lo peor de todo, no era eso, si no, que nuestros pasaportes, estaban junto con la cámara. No teníamos tiempo que perder, así que nos pusimos manos a la obra.

Llamamos a TMB para buscar a alguien neutral y que pensará con serenidad una solución para arreglar en el desastre que estábamos, pero los de TMB, no tenían muchas ganas de ayudarnos, así que imaginar el plan, Javi blanco como el papel pensando que hacer y yo al teléfono llorando con un desconocido, el panorama era desolador.

Dentro de todo ese caos y entre lágrima y lagrima, me dio por pensar , me acerque a Javi y con una sonrisa poco convincente le dije: “Ya está, cogemos un taxi y vamos detrás del bus, lo paramos y le decimos que dentro esta nuestro pasaporte a Filipinas”. Supongo que Javi me vio con tanta cara de pena, que no supo decirme que mi idea iba a ser un auténtico fracaso. Y minutos después como si de una película se tratará nos montamos en ese taxi y dije la frase que siempre había querido decir, pero que ojalá no la hubiera tenido que decir en esa situación: “Siga a ese autobús”. Después de esa frase, le explicamos medianamente como pudimos al taxista lo sucedido, creo que le dimos tanta pena que se saltaba los semáforos y los cedas solo por conseguir llevarnos hasta ese bus.

Después de cruzar la Av. Meridiana con el semáforo en rojo, aparcamos detrás del bus que andábamos siguiendo. A toda prisa bajamos y me metí para ver si en el asiento que me había sentado estaba nuestro tesoro.

Obviamente, como Javi se temía no estaba, hablé con el conductor y le rogué y rogué que por emisora lo dijera, por si alguna alma caritativa lo había encontrado, el señor no muy amable me dijo que no podía perder tiempo conmigo, así que con toda mi pena bajé del bus y Javi lo vi fumándose un cigarro, curioso, cuando Javi no fuma, el taxista, lo vio tan nervioso que le ofreció un cigarro y él aceptó.

Apoyados en el taxi, sin saber qué hacer, el taxista, se quedó con nosotros y prometió que no nos iba a cobrar más de lo que iba a ser la carrera, que apagaba el taxímetro y se quedaba con nosotros hasta buscar una solución, en ese momento pensé, igual no volamos a Filipinas, pero la buena gente existe.

Mientras estábamos apoyados en el taxi, esperando, supongo, a que los pasaportes cayeran del cielo, paró un autobús y sin esperanzas ninguna le conté lo que nos había pasado, rápidamente empatizo con nosotros y por la emisora contó lo que le habíamos explicado, le dijeron que no habían encontrado nada y volvimos al mismo punto que hacia 5 minutos, con la diferencia, de que mi móvil empezó a sonar, era mi amigo Viti, que hacía poco se había ido a Vietnam y me llamaba para despedirse, le cogí el teléfono a moco tendido, como se suele decir, el pobre se asustó y se pensaba que me pasaba algo, intenté entre lágrimas explicarle lo que nos estaba pasando, sin saber que él iba a ser uno de nuestros salvadores.

Y como no entendía nada de lo que le estaba diciendo me dijo:” Irene, dile a Javi que se ponga que no sé qué me estás diciendo y seguro que no tenemos tiempo que perder”

Viti y Javi hablaron durante un rato y por más que yo intentaba entender lo que decían mi mente solo pensaba: “Adiós Filipinas, esta vez, sí que la has liao’ Irene”  y en pocos minutos Javi me sacó de la tristeza más profunda diciéndome: “Sube al coche, no podemos perder tiempo, tenemos un último plan y este no puede fallar”

Nos subimos al taxi a toda prisa y cuando ya íbamos a toda pastilla dirección el aeropuerto, Javi me explicó que mi amigo Viti, le había dicho que fuéramos a los Mossos de Esquadra en el aeropuerto y le contáramos que nos habían robado la réflex con los pasaportes dentro de la funda y nos harían con las tarjetas de embarque unos pasaportes nuevos. Creemos que el taxista se imaginó estar actuando en una película, porque llegamos al aeropuerto en menos de 15 minutos. (Si tranquilos, le dimos propina, teníamos que recompensarle lo bien que se había portado)

Y allí que íbamos Javi y yo, con nuestras mochilas a la espalda que ahora pesaban 20 kilos más, de nervios y miedos, y explicamos todo a los Mossos y cuando estamos a punto de empezar a redactar la denuncia, suena de nuevo mi móvil, y pienso: “Ahora no puedo perder tiempo, eso no será importante”. Pero sabéis cuando suena el teléfono y parece que el tono suena con rabia e insistencia? Pues así sonaba, me metí la mano en el bolsillo y cuando miro la pantalla veo: “Número desconocido” y pensé: Jolín, ya están los pesaos de Jazztel para venderme algo . MENOS MAL QUE LO COGI.

Eran de la comisaria de Mossos próxima a donde vivimos, que una señora (GRACIAS SEÑORA! Ojalá algún día, podamos agradecérselo en persona!) se había encontrado en el asiento del bus, NUESTRA CAMARA!

La escena, era épica, Javi a mi lado mirándome y diciendo que colgara ya, el agente mirándome sin pestañear y a mí me dio por tirarme al suelo y ponerme a llorar (la escena desde fuera tuvo que ser cómica, pero allí nadie tenía la valentía de reirse)

Colgué corriendo y les conté a Javi y al agente, lo que estaba pasando, el agente, no sabía cómo actuar, pero supongo que vio nuestra pequeña esperanza de poder volar a nuestro destino y nos empezó a animar para ir a aquella comisaria a buscar nuestros pasaportes y la cámara, ellos nos prometieron que si hacía falta nos metían con el coche por pista al avión.

Solo teníamos una única solución, coger un taxi y volver de nuevo al centro de Barcelona a las 19h de la tarde desde el Prat, todo un record eh?

Decidimos, que uno se quedaría en el aeropuerto hablando con la compañía con la que volábamos y  pocos minutos después Javi, estaba en un taxi de camino a la comisaria.

Javi y yo, estábamos en contacto todo el rato vía Whatsapp y algunos de sus mensajes eran: “Irene, este taxista se lo ha tomado al pie de la letra” “Irene vamos muy rápido y haciendo luces” “Irene el taxista me dice que SI o SI voy a llegar antes de que el vuelo salga” “Irene estoy llegando a la comisaria” “Irene salimos de la comisaria” “Irene sal, que estoy fuera con todo”

Al ver llegar al taxi, fue como ver el cielo abierto, empecé a gritar y saltar como si no hubiera un mañana, Javi se bajó del taxi y yo desde fuera dándole las gracias al taxista. El hombre se reía y solo decía: “venga disfrutad que os lo merecéis” (SI, tranquilos, también le dimos propina)

Entramos a toda velocidad por la terminal con una sonrisa de oreja a oreja con nuestros pasaportes en la mano y la cámara colgada al cuello, creo que éramos los más felices de toda la terminal, habíamos visto el final de nuestro viaje, sin ni siquiera haberlo empezado.

Pasamos los rigurosos controles de seguridad y de aduanas y toda la tensión, nervios y miedos, desaparecieron, yo volví a ponerme a llorar (Si, que pasa, soy muy llorona) y Javi me dijo: “Ya puede merecer la pena Filipinas, porque menudo susto. La próxima vez, déjame los pasaportes a mí”

Y en poco más de 1 hora nos encontrábamos sentados en el asiento de nuestro avión con destino, ahora sí, hacía FILIPINAS.

Recuerdo, que los nervios, no me dejaban dormir, pero al final, caí rendida y soñé, soñé con playas paradisiacas y solitarias, con gente amable y humilde, con momentos de relax, con aventuras nuevas, con experiencias para no olvidar… espera, estaba soñando?

Y desperté, y despertó, juntos como siempre, a pesar de las adversidades, de la mano, recorrimos ese sueño que tuve en el avión.

Volvimos 21 días después, con una mochila vacía de ropa, pero cargada de momentos bonitos, vivencias inolvidables, risas, sueños, confidencias, amistades y humildad.

Volvimos 21 días después, siendo completamente diferentes por dentro, Filipinas, nos hizo cambiar, Filipinas, nos regaló la cara más bonita y más amarga de un viaje. Algo que empezó fatal y terminó espectacular. Y con un único sueño, seguir descubriendo el mundo, pero juntos.

 

Si has llegado hasta aquí. GRACIAS.

Pero sobretodo un GRACIAS tremendo a la gente que se cruzó con nosotros ese 5 de Julio de 2017 y nos ayudó de una forma u otra para que al final, pudiéramos pisar Filipinas.

Y el GRACIAS más grande, para él, para la mitad de este blog, para la mitad de mi vida y para la mitad de mis sueños. Javito, sin ti, esto te aseguro que no sería posible.

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2 Comments
  1. Responder

    Descubrir Viajando

    2 junio, 2018

    Chicos nos habéis transmitido la angustia que sentisteis al perder la reflex por unas horas. La moraleja es fantástica, a pesar de las piedras del camino, hay que seguir caminando. Fuisteis unos valientes. Un abrazo!

  2. Responder

    Gemma y Pau @wherejournesbegin

    5 junio, 2018

    Madre mía que aventura! Por suerte acabó bien! Nos habéis tenido en vilo hasta la última línea del artículo!
    un abrazo!

COMENTARIOS

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